domingo, 13 de abril de 2008
Vida de perros
Pero por desgracia no todos pueden llevar esta vida tan maravillosa. En países pobres los perros siguen llevando una vida llena de miseria. Pero en los países desarrollados también hay perros con vidas parecidas, o peores aún.
El señor X compró una cariñosa cachorrita Bulldog. Como todas las cosas nuevas, al principio le hacía mucha ilusión. Los perros a esa edad son muy graciosos, van todo el día investigando las cosas, no se separan mucho de ti por si se pierden y el aliento les huele a café con leche. En aquella época le daba paseos a diario y además, largos. Pero como todas las cosas nuevas, con el tiempo, perdió su gracia. Entonces el señor dejó de pasearla y optó por construirle una caseta en el jardín para que la Bulldog hiciese sus cositas por ahí y durmiera en su propia casa. Es una buena solución, sobre todo cuando hay otra cosa nueva en la casa que hace más ilusión: un bebé.
A partir de ese momento, todas las atenciones se las llevó el bebé, los cariños, los paseos, hasta la comida. ¿La comida? Sí, porque con el tiempo se fueron olvidando de que el perro que habitaba en su jardín, entre otras cosas, también comía. La Bulldog, luchando por no morir, gastó toda la energía acumulada en su cuerpo hasta quedarse en los huesos. Siendo tan cariñosa como era, se hizo amiga de los vecinos, que se encargaron de alimentarla hasta que un día el Señor X bajó al jardín y se dio cuenta que SU perro seguía allí, y vivo. ¡Ostras, ni me acordaba que estaba aquí! ¡Sí que aguantan estos perros sin comer ni beber! Entonces, sabiendo que después de meses sin comer el perro se tenía que alimentar, le pidió a un amigo que fuera un par de veces por semana a ponerle pienso. Entre los dos vieron que el perro ensuciaba todo el jardín con sus cositas y eso quedaba mal, así que la encerraron en su caseta, y allí ya podía hacer caquita y pis, que no ensuciaba nada –bueno sí, el poco espacio en el que a partir de ese momento tenía que vivir-.
Al poco tiempo, como no es suficiente maltrato lo que hacían con la ya cansada Bulldog, compraron otro perro, esta vez una Pastor Alemán de meses. Como era pequeñita cabía bien en la antigua caseta. Pero claro, un pastor alemán es más ágil que un bulldog, así que se subía a la caseta, saltaba al jardín, y como todos los cachorros, corría felizmente por el jardín. Hasta que un día se cayó a la piscina. ¡Qué mala pata! Con la fuerza de la juventud y los ladridos de ánimo de la Bulldog consiguió salir de allí. Entonces el amigo vio que era peligroso que la Pastor Alemán compartiera la casa de Bulldog y decidió encadenarla entre un barril que ahora haría de “casa” y unas piedras que harían el peso para que no se pudiera mover. Desde ese día, el pobre cachorro no ha podido correr más allá que el espacio que le da la cadena de, como mucho, un metro de largo.
Estos perros están alimentados (de momento), pero lo que les hacen es crueldad animal. Es vergonzoso que una persona se compre animales para tenerlos atados. Eso no es vida para nadie. Un perro tiene que poder correr, hacer sus cosas lejos de donde come, recibir una higiene mínima y un poco del cariño humano que tanto anhelan.
Es por eso que quizás su vida es peor que la de un perro callejero. El perro callejero se busca la vida, a éstos hasta eso se les niega.
miércoles, 19 de marzo de 2008
¿Qué és el arte?
¿Qué es el arte? Para algunos unas cuantas gotas de pintura repartidas sobre un lienzo, para otros el David de Miguel Ángel, y para otros lo es atar a un perro con una cuerda y grabarlo mientras lo deja morir de hambre. El “artista” en cuestión se llama Guillermo Habacuc Vargas y el perro, en este caso perra, Natividad. Ambos son de San José, Costa Rica. Según el “artista”, el hecho de dejar morir de hambre a Natividad en una Galería mientras los visitantes la observan impávidos es Arte porque en su ciudad cada día mueren perros por la misma causa. Entonces yo me pregunto, como en Irak mueren cada día montones de personas, ¿podemos coger a tres o cuatro niños, meterlos en una sala y observar como mueren pasto de las bombas? ¿Eso también sería arte?
Para mi ninguna muestra de violencia es arte, ni la guerra ni el toreo ni el maltrato ni un perro hambriento. Y me parece denigrante que en pleno sigo XXI, en que nos hacemos llamas civilizadas, se les siga permitiendo a ciertos “artistas” llevar a cabo sus macabras obras.
Y no orgulloso de lo que ha hecho hasta ahora, quiere presentarse al Bienal Centroamérica Honduras 2008 para dar aún más a conocer su obra. Y digo aún más porque gracias a muchas personas con sentimientos, que por suerte aún quedan, sus actos se han dado ya ha conocer, e incluso en la página www.petitiononline.com se puede firmar en el boicot contra Guillermo Habacuc Vargas.
lunes, 10 de diciembre de 2007
Comportamiento quijotesco de Max Estrella
viernes, 7 de diciembre de 2007
Bando
El niño de piel oscura y mirada triste
El niño de piel oscura y mirada triste anduvo por entre oscuras y peligrosas callejuelas hasta llegar a los semáforos de una de las carreteras más transitadas. Allí, con su limpiacristales barato y los instrumentos ya viejos por el uso se dispuso a abordar cualquier coche durante los pocos minutos que el semáforo restaba en color rojo para limpiarles el parabrisas y conseguir esos pocos euros que todavía no sabía si podría llevar a su madre.
Insultos, miradas de desprecio o compasión, odio. Con eso y mucho más tenía que lidiar el niño de mirada triste día tras día.
¿Y a la hora de comer? Su obligación consistía en llevar la recaudación al gran jefe. Así que cogió sus cosas y fue hasta la vieja aunque lujosa casa donde el gran jefe vivía y a donde todos los niños llevaban el dinero. Allí a veces alguna buena persona les daba un plato con restos de comida. Aquél día no hubo suerte, así que de vuelta a los semáforos tuvo que engañar a su pequeño estómago con un chicle que una amable anciana de pelo canoso le había regalado mientras él, embobado, miraba todas las chucherías que llenaban los amplios escaparates de la tan deseada tienda y que él nunca había podido ni podría degustar.
Por la noche recogió sus cosas, volvió a la casa, donde esta vez le dieron cinco euros para que pudiera alimentar a su madre y sus tres hermanos pequeños. Cansado, el niño de piel oscura y mirada triste volvió a su pobre pero cálido hogar, donde su madre lo esperaba con un plato en la mesa con un par de patatas cocidas y un mendrugo de pan. Jugó un rato con sus hermanitos y en cuanto pudo se echó a dormir, y así recuperar fuerzas para poder, a la mañana siguiente, afrontar el duro jornal al que un niño de tan sólo siete años no debería estar acostumbrado.
